El estratega de De La Espriella advierte: quien ignore la IA se quedará como dinosaurio
Por Mateo Rojas

En la reciente feria tecnológica Effix, celebrada en Medellín, Carlos Suárez, el principal estratega del presidente Abelardo De La Espriella, tomó el micrófono para ofrecer una visión clara y sin adornos sobre el futuro de la inteligencia artificial (IA) en Colombia. Su mensaje, directo y cargado de urgencia, resonó entre emprendedores, académicos y funcionarios presentes: "El que no esté en esto, dinosaurio". Esta frase, más que un simple eslogan, encapsula una realidad que el país no puede permitirse ignorar si desea mantenerse competitivo en la economía global.
Contexto: la IA llega a Colombia en medio de una transformación digital
Durante los últimos años, la IA ha pasado de ser un concepto de laboratorio a una herramienta transversal que impacta sectores tan dispares como la salud, la educación, la agricultura y la industria manufacturera. En América Latina, gobiernos como el de Brasil y México ya han lanzado planes nacionales para impulsar el desarrollo de tecnologías de aprendizaje automático y análisis de datos masivos. Colombia, aunque ha demostrado avances en infraestructura de telecomunicaciones y en la creación de parques tecnológicos, aún enfrenta brechas significativas en capital humano y adopción empresarial.
La feria Effix, conocida por congregar a los principales actores del ecosistema digital, sirvió como escenario ideal para que Suárez enfatizara la necesidad de cerrar esa brecha. Según datos del Ministerio de Tecnologías de la Información, menos del 15 % de las pymes colombianas utilizan alguna forma de IA en sus procesos operativos, una cifra que contrasta fuertemente con el 35 % registrado en economías vecinas.
Detalles de la intervención: responsabilidad, miedo y mito
Suárez estructuró su discurso en tres pilares clave: responsabilidad, ausencia de miedo y desmontaje de mitos. Primero, subrayó que la IA debe ser desarrollada y aplicada con un marco ético sólido, respetando la privacidad de los datos y evitando sesgos que puedan perpetuar desigualdades. "No podemos permitir que la tecnología se convierta en una herramienta de exclusión", afirmó, recordando casos internacionales donde algoritmos discriminatorios afectaron procesos de selección laboral y crédito.
En segundo lugar, llamó a abandonar el miedo que suele acompañar a las innovaciones disruptivas. “Muchos temen que la IA robe empleos, pero la historia nos muestra que la automatización genera nuevas oportunidades si se gestiona adecuadamente”, explicó, citando ejemplos de la industria automotriz donde la robótica impulsó la creación de puestos de mantenimiento y programación.
Finalmente, desmintió varios mitos populares: que la IA es una tecnología de ciencia ficción reservada a gigantes tecnológicos, que su implementación es excesivamente costosa y que su funcionamiento es incomprensible para la mayoría. Su mensaje central fue que la IA está al alcance de medianas y pequeñas empresas, sobre todo mediante plataformas en la nube que ofrecen servicios bajo modelo de suscripción.
Impacto e implicancias para el sector público y privado
La advertencia de Suárez tiene repercusiones directas tanto para el sector público como para el privado. En el ámbito gubernamental, la adopción de IA podría optimizar la gestión de recursos, mejorar la atención ciudadana y fortalecer la capacidad de respuesta ante emergencias. Por ejemplo, el análisis predictivo de datos de salud permitiría anticipar brotes epidémicos, mientras que los sistemas de IA en la administración tributaria podrían detectar evasiones fiscales con mayor precisión.
Para el sector privado, la IA representa una ventaja competitiva clara. Empresas del sector agropecuario pueden utilizar modelos de visión por computadora para monitorear cultivos y predecir rendimientos, reduciendo pérdidas. En la industria del turismo, la personalización de ofertas mediante algoritmos de recomendación aumenta la satisfacción del cliente y la tasa de conversión. Además, la IA abre la puerta a la creación de nuevos modelos de negocio basados en servicios de datos y análisis, lo que podría dinamizar la economía del conocimiento en Colombia.
Sin embargo, la falta de políticas claras y de inversión en capacitación podría profundizar la brecha digital. Suárez advirtió que los países que no desarrollen talento local en IA corren el riesgo de depender exclusivamente de proveedores extranjeros, lo que implica costos mayores y menos control sobre la soberanía tecnológica.
Perspectiva a futuro: rutas estratégicas y recomendaciones
Mirando adelante, Suárez esbozó varias líneas de acción que podrían guiar la agenda nacional. Primero, propone la creación de un fondo de innovación específico para proyectos de IA liderados por pymes, con co‑financiamiento del Estado y del sector privado. Segundo, sugiere la implementación de programas de certificación en IA en universidades y centros técnicos, alineados con estándares internacionales.
Otra recomendación clave es la elaboración de una hoja de ruta ética que establezca principios de transparencia, rendición de cuentas y protección de datos. Esta hoja de ruta debería ser fruto de un proceso inclusivo que involucre a la sociedad civil, expertos en derechos digitales y representantes empresariales.
Finalmente, el estratega enfatizó la necesidad de crear un ecosistema de pruebas piloto (sandbox) donde startups y corporaciones puedan experimentar con IA bajo supervisión regulatoria, reduciendo barreras de entrada y fomentando la innovación responsable.
Conclusión
La intervención de Carlos Suárez en Effix no fue meramente una charla motivacional; fue una llamada de atención clara y respaldada por datos sobre el riesgo de quedar rezagado en la era de la inteligencia artificial. Su mensaje —trabajar la IA con responsabilidad, sin miedo y sin mitos— ofrece una hoja de ruta práctica para que Colombia transforme el desafío tecnológico en una oportunidad de desarrollo sostenible. Queda ahora en manos de los tomadores de decisiones, empresarios y académicos convertir esa advertencia en acción concreta, antes de que el futuro deje atrás a quienes no se adapten.
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